Viajes extracorpóreos, la realidad desaparece. La mente engaña a mi conciencia mientras el espíritu se hace pasar por alma.
Sacra trinidad, complotada para hacerme creer puras mentiras. Y llevar este aflorante y decadente cuerpo al horizonte de la ilusión.
Todo es nada en el mismo sitio, la mentira se convierte en verdad, asimilándose una a otra.

Todo está y no esta, mis dedos teclean creando efímeras palabras transformadas en bits, que un día se extinguirán en este desierto binario.
Aquellos que necesitan sustentarse en una realidad para sobrevivir, acarrean a otros hacia un punto en común. Con su marea de sangre oxigenada, circulando por la materia gris. Donde creen hallar un poco de paz y gozo.
Un sistema de creencias bien estructurado, clave de acceso para no caer en la desdicha de darse cuenta sobre la pesada levedad del ser.
Al ser la realidad verdad, la verdad pasa a ser una farsa. Y todos estamos metidos en este sin fin de oníricos pensamientos.
Puedo darme cuenta y ver sin ojos, mis sentidos están sobrecargados por la exposiciones que desde el nacimiento fueron proyectándome. Toda esa información externa pued

e ser manipulada si abres la puerta. Dejando paso a los no-sentidos, estos toman forma y me dilucidan la lámina interna.
Cuanto más seguiremos atrapados en la agonía y el disfrute de la búsqueda, un camino que está dejando claro que lo más seguro es que nadie sabe nada…

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