De un tiempo a esta parte, siento cada vez un mayor desapego hacia la lectura, es algo que me encanta, es un placer extraordinario, leer, escribir, compartir ideas, pero al mismo tiempo me doy cuenta de la muerte que hay en ello.

Sin duda hay muerte en todas partes, en las hojas que caen de los árboles, en los accidentes tráfico, la muerte del sol al anochecer, la de la luna y otras estrellas al amanecer. Entiendo entonces que la muerte no es gran cosa, de la que se puede disfrutar como cuando te encuentras con esas palabras muertas dándoles vida en tu imaginación, recreando escenas, personajes, reviviendo sentimientos y pensamientos olvidados.

Ahora bien no sería mejor poder vivir esas sensaciones de primera mano, recorrer los bosques, las playas, amar a alguien, pelearse, disfrutar de las vacaciones de verano, de las aventuras con los amigos, dialogar con las gentes de los pueblos, de las ciudades, conocer la sensulidad, el misterio, el miedo, el dolor vivir todo eso que hay en los libros vivirlo en primera persona, con los ojos, oidos, gusto, tacto, olfato.

Qué nos impide amar a la vida de esa forma, acaso no hay personas en el mundo deseosas de amar y ser amadas, personas abiertas a la amistad a las aventuras y el misterio de descubrir los entresijos de la vida. No nos damos cuenta pero cuando leemos dejamos de vivir la vida real y nos metemos en una vida imaginaria. Y pareciera que nos gusta más esa otra vida, la imaginaria que la real.

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