Hace tiempo que me doy cuenta de que la realidad se asemeja bastante a lo que pienso, a veces voy paseando por la calle y pienso que la gente está hablando de mi, así es, me parece oir mi nombre en sus conversaciones, siento que me observan y el caso es que no conozco a esa gente de nada, pero sé que ellos están cuchicheando cosas a mis espaldas.

Otras veces estoy con mi novia, que me quiere un montón, no sé cuantas veces me ha dicho lo tanto que me quiere, pero no sé, yo creo que no me quiere, a veces la veo distraída cuando le digo alguna cosa, realmente no me está escuchando, no sé por qué dice que me quiere, además yo no soy tan guapo, ella podría estar con cualquiera.

Así es la realidad que nos acompaña, un reflejo de nuestros pensamientos, probablemente nunca podamos conocer la realidad como tal, sin ser pasada por el tamiz de nuestra subjetividad, pudiera ser que releyendo el pasado o tal vez viendo una grabación de la escena a modo de película desde una perspectiva externa pudieramos ver las cosas tal como son, pero aún así seguiríamos anticipándonos a la realidad, tomaríamos partido ya no, en favor nuestro sino de ese personaje externo que nos caería más o menos simpático.

Por eso, es tan importante ser capaz de silenciar el pensamiento, no como un acto voluntario, sino pillándolo in fraganti en ese acto de anticiparse a la realidad, darse cuenta de todo ese proceso y ver más allá del pensamiento, ver las cosas tal como son.

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