La mirada perdida en el vacío reflectante, el alba miraba al espejo y se creía ocaso, dominándome cual titiritero con hilos espectrales.
Contemplando el macrocosmos interior, siendo quien no creo ser, los pensamientos exigen reciprocidad.
Viajando a 29,5 kilómetros por segundo, es difícil mantener un equilibrio, pero me mantengo firme intentándolo.

Los ciclos se ven afectados por la intolerancia, mientras la demagogia conquista los corazones de las masas, que con oídos empalagados asienten al son del enmascarado progreso.
Por los siglos de los siglos, hemos de ser fieles. Besar la mano de nuestra ideología, y lustrar sus botas, hasta que podamos ver nuestro reflejo en ellas y seguir admirando la complaciente ilusión de quien creemos ser.

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