Perdí la razón y el tiempo pareció escapar de mi vida,
dejé de dormir para soñar a intervalos,
pisé la cuerda floja de la moral y creí caer
y sí caí fue en sus brazos por la voluntad del destino.

Una vez allí, en la telaraña del amor,
ni el miedo pudo alertarme de los peligros
y la muerte o la locura eran la única salida,
negándoseme la muerte enloquecí al ritmo de sus besos.Sus bellas palabras me elvolvían, me desnudaban los sentidos,
cuando quise darme cuenta estaba enredado en otro cuerpo
y las raices eran tan profundas como las de una higuera.

Luego vendría la muerte, casi matándome del susto
pero no, uno siempre tiene que sufrir primero la distancia
luego la soledad y finalmente te masacra con su velo negro.

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