En las arenas del tiempo él se arrastra, sin pausa, sin prisa, sin rumbo más que el de continuar vivo hasta el final. Culto sin fin a la gran unidad, el gran devoto da. Sapiente del misterio inexpresable, de dar más y recibir menos. Aunque se voltee y patas arriba quede, tarde o temprano se acomoda y continúa firme su marcha.
Admira la playa eterna, cuna de sus ancestros. – .
Resplandores sintéticos, por veces lo ciegan, pierde el control, se desorienta.
Perdona tal indolencia y continúa su odisea.

Pareciera que las bestias metálicas y humeantes quisieran darse un baño. Lo que solían ser viejos amigos, ahora autómatas, trazan vueltas eclipticas montados en rugientes osos mecánicos. El tempo 4×4 no para, en esta exuberante no future neo punk attitude .
Aun así, el eterno devoto pasa desapercibido y ni si quiera desperdicia un suspiro. No hay cárceles de tiempo para entes eternos. Todo pasa.

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