¡???!

Hoy me he despertado con un delicioso olor a café. Caminé por mi cuarto observando mi inmobiliario, miré mi cama y miré la ventana abierta y las cortinas recogidas. Fui hasta la ventana y vi un hermoso patio y un lindo carro negro parqueado al lado de la entrada. A veces me costaba un poco recordar mi nombre o donde vivía, mi edad o con quien vivía. Me dirigí a la puerta y abriéndola miré a una mujer que corría hacía mí. Lucía como una mucama. Traía un rostro de tristeza.

-¿Quién es usted?

-Señor

(Se me acercó y me metió al cuarto cerrando la puerta)

-¿Qué sucede aquí? ¿Quién es usted?

-Me llamo Paula, señor. Y debo prepararlo.

¿Prepararme para qué?

-Tiene visitas pero primero tengo que prepararlo.

-No entiendo.

-Lo sé señor, cuando despierta nunca entiende. Déjeme explicarle todo

Paula me sonrió yendo hacia una de las gavetas que tenía un mueble color café junto a la cama. Abrió suspirando. Fue un suspiro de desesperación, un suspiro de odio y aburrimiento, un suspiro de siempre, de lo mismo. Fue ahí cuando me di cuenta de que algo malo sucedía, de que algo malo me sucedería a mí. Dentro del armario había pilas de libros y pinturas. Hermosas pinturas.

-¿Y esos cuadros?

-Usted los pintó.

-¿Quién es?

Paula sacó un cuadro y me lo mostró. El fondo era blanco pero los colores de una mujer lo hacían lucir bello. Era una mujer de hermoso cabello negro y acolochado, vestía un encantador vestido color rojo y un sombrero de paja. Sus labios se abrían lento y su mirada era tierna.

-Ella es la mujer que a usted le gusta pintar

Guardó la pintura y sacó un libro. Se me acercó y abrió hasta llegar al título: ‘Disipada’

-¿Y ese libro?

-Usted lo escribió. Está basado en su vida. Usted escribió este libro antes de que la enfermedad lo atacara.

La miré de inmediato.

-¿Qué enfermedad?

-Lea el libro, hay tiempo. Por favor, cuando lo lea me avisa

Paula sonrió dándomelo. Cuando iba a salir me dijo:

-Para que entienda un poco, léase desde la página 43 a la 57.

Y salió. Yo de inmediato me dirigí a esa página y empecé a leer. Era totalmente terrible, mi vida se estaba desboronando y lo peor era que la veía desboronase. Tenía memoria a corto plazo. Un día para ser exactos. Esas 14 hojas eran como golpes de recuerdos borrosos pero malos. Entonces como que en la página 50 empezaba a narrar a una mujer. La de la pintura. Quise escribir esto para leerlo al día siguiente. Esto decía una parte del libro:

‘Su nombre es Alexa, y ella es tu esposa. No tienes hijos, vives solo con ella, porque ella es estéril. Pero tú la amas mucho, con todo tu corazón. Que esta enfermedad de mierda no impida ese amor.’

Alexa. Así es su nombre. Una hermosa mujer. Llegué a la puerta y toqué. Al instante llegó Paula.

-Señor

Estaba destrozado. Me sentía mal. Le di el libro y le dije:

-Quiero estar solo.

-No. Usted me dejó algo a cargo y debo cumplir. Se puede leer en la página número 86. Yo debo enseñarle a la mujer que ama.

-Pero yo no la recuerdo. No siento nada por nadie. ¡No entiendo lo que me pasa! Sólo quiero estar solo.

-Señor, Alexa lo espera en la sala.

La miré y me sorprendí. Pero de igual manera no la recordaría y no sería más que una linda mujer. No recordaría sus besos, ni su voz, no recordaría el toque de sus manos, ni su perfume, tampoco la suavidad de su cabello ni la de su piel, no recordaría el sonido de su caminar. No recordaría nada de ella.

-Paula, dime qué sucede conmigo.

-Está bien. Hace dos años de lo mismo. Alexa viene a verlo; ya no puedes salir, ya que tu memoria  a corto plazo lo impide. Ya no trabajas, no haces deporte porque cuando trato de que hagas no me dejas. Alexa todavía te ama con todo su corazón, todavía anhela algo. Señor, venga y le presento a su esposa.

Yo sólo me dejé llevar por ella. Fuimos a la sala. Era increíble ver las paredes, los muebles y las lámparas sin reconocer nada. Arribamos a la sala y allí estaba ella. Sentada en el sillón. Ella se levantó rápidamente. Traía una sonrisa.

-Hola- Me dijo. Oh su voz, su voz era angelical, su voz era tierna y dulce, su voz tenía dolor y amor, su voz tenía tristeza y desilusión. Su voz…

-Hola- Saludé yo un poco tímido. Paula nos dejó. Yo la miré irse y luego observé a Alexa. Ella se sentó y yo también. Traía un vestido que moldeaba su cuerpo, un vestido formal para alguien importante al parecer, su cabello estaba recogido y traía unos anteojos.

-¿Cómo estás hoy?

-¿Cuántas veces me lo has preguntado?-

Alexa dejó de sonreír y bajó la cabeza quitándose los anteojos y dejándolos en el sillón.

-Mi amor…

Llevó sus manos a su rostro. Estaba llorando. Yo me levanté y me senté a su lado. No podía ni abrazarla. Ella quitó sus manos y me miró sonriendo.

-Es tan fascinante verte. Me siento bien contigo.

-Dime que sucedió.

-Es tan duro decirlo.

-Tengo todo un día- Ella sonrió.

-Mi amor, he venido por dos años seguidos a verte, nunca dejo de venir todos los días, es como conocerte de nuevo, y es maravilloso, el horario en el trabajo me deja quedarme contigo por varias horas.

-¿No estás cansada de hacer y decir lo mismo?

-No mi amor, venir a verte cada día es para mí lo mejor- Miró hacia otro lado y se quitó una lágrima. Me dijo tan lánguida y segura de sí misma.

-Te amo tanto que venir aquí todos los días me hace tener esperanzas de que me recordarás.

-¿Cómo puedes amarme tanto si yo no te amo a ti? No recuerdo nada, tengo la memoria borrada, no sé quién eres y no sé ni siquiera donde vivo. –Alexa se volvió a mí y puso su mano en mi mejilla.

-Siempre vengo con expectativa de que al menos recuerdes tu nombre.- ¿Mi nombre? Entonces mi mente empezó a procesar información: levantarse, comer, dormir, caminar, respirar, ver, sentir… Paula y Alexa, Alexa y Paula. Sólo esos nombres me salían de la mente. ¿Cómo me llamo? Miré a Alexa y le dije.

-No… No sé cómo me llamo- Alexa soltó su mano de mi mejilla. Se levantó y caminó hacia una ventana. Fui con ella. La miré llorando a cantaros.

-Lo siento Alexa.

-No tienes que sentirlo, es una enfermedad, ¿Por qué tendrías que disculparte?- Se quitó las lágrimas pero de nada servía porque le bajaban más.

-¿Sabes cariño?-Continuó ella-Siempre llego con ansias de que me recuerdes, siempre nerviosa, pero tal vez alegre de que me sorprendas con al menos lo que hicimos ayer.

-¿Qué es lo que hacemos?

-Hablamos como lo hacemos ahora y luego pasamos a tu cuarto. Nunca te he sido infiel ni amor, lo juro y seguiré siendo fiel hasta mi muerte porque yo estoy enamorada de ti y porque nos casamos ya hace diez años y yo quiero seguir casada contigo ojalá por siempre.

-¿Aunque tenga esta enfermedad?

-¿No recuerdas los votos?- La miré algo mordaz. Ella lloró de inmediato.

-¡Soy una imbécil! Daría lo que fuera por hacer que tu enfermedad desaparezca cuanto te amo mi amor, cuanto te amo.

Me lo dijo abrazándome. Se me partió el corazón. Esta mujer, Alexa, mi esposa, de verdad me ama pero es joven y guapa, puede hacer su vida de nuevo, sin mí. Insté por abrazarla. Ella se soltó de mí, tomó mi rostro con sus manos y me besó. Sus besos eran tan amargos que sentía su dolor, sus besos eran tan dolorosos que quería gritar, sus besos eran tan hirientes que quería llorar. Sus besos me rompían el corazón, pero aunque sus besos eran una herida abierta yo la besé como si fuese la primera vez.

-Te amo- Me decía mientras  seguía besándome. Me besaba la mejilla, mi mentón, mis ojos, mi frente, se iba hacia mi cuello, mis oídos. Me deseaba. Se detuvo y me miró.

-Siempre hacemos el amor porque deseo quedar embarazada de ti y sé que un día lo estaré. Sueño con que un día quede embarazada.-Sonrió con brillo en los ojos-Quiero un hijo tuyo.

-Pero eres estéril…

-¿Y qué? Tengo esperanzas de un día tener un hijo tuyo.

Ella tomó mis manos y dijo:

-¿Quieres ir al cuarto?

Me sonrió. Sus esperanzas nunca se extinguían, siempre había una vela en la oscuridad. Siempre esperaba, pero ¿Dos años haciendo lo mismo? ¿Dos años tratando de quedar embarazada? ¡Le estoy desperdiciando su vida!… ¡Soy yo el maldito culpable de todo lo que a ella le sucede! ¡Soy yo el que la hace llorar!… Dios, devuélveme la memoria al menos un día y déjame amarla. Dios, devuélveme la memoria al menos un día y déjame pasar un día con ella. Dios, devuélveme la memoria… devuélveme la memoria que deseo amarla. Deja que al menos sea feliz…

Y es tarde ya debo dormir, pero no quiero, quiero quedar despierto y permanecer así, pero Paula me dio algunas pastillas para dormir.

¿Podría permanecer así para siempre? Ni siquiera sé mi nombre, ni siquiera sé donde vivo, ni donde nací, ni si tengo hermanos o hermanas, o si tengo padres, no sé si fui un ejecutivo o un simple empleado, no sé donde estudié, no recuerdo mi primera novia o si Alexa lo fue, no recuerdo cuando fue la primera vez que amé o la primera vez que hice el amor, no recuerdo si fui fiel o si le fui infiel a Alexa, no recuerdo si era amargo o si era muy alegre. Nada. Mi mente parece un cuadro abstracto. ¿Podría permanecer así para siempre?… ¿Podría quedarme despierto para siempre?

De verdad no quiero que las cosas se repitan. ¡No quiero, no quiero que cada día sea lo mismo! ¡No quiero, no quiero!.. Dejaré mojar la almohada con mi llanto esta noche, al menos… sólo esta noche…

Anuncios